Estoy muy bocona. Digo cosas que no tengo que decir y cosas que no quiero decir. ¡Pero me salen solas! Después, repasando la charla, me doy cuenta, pero es demasiado tarde. Estoy sorprendida conmigo misma, porque nunca fui así, pero ahora soy una buchona terrible.
Estoy muy distraída. Me olvido de lo que digo o de cosas que pasaron. ¡Pero no puedo evitarlo! Después, haciendo un esfuerzo, destellos vuelven a mi mente y recuerdo algunas cosas. Estoy asombrada de mi misma, porque nunca fui tan olvidadiza, pero hay veces que hasta tengo que pensar cómo me llamo.
Estoy muy desconfiada. Siempre busco otras posibiliades de lo que es o me dicen. ¡Pero es que dudo! Después, me machaco el cerebro y me saco esas tontas ideas que se me cruzan. Estoy deslumbrada por esto, porque siempre fui un poco incrédula, pero ahora casí que no creo que el aire tiene O2.
Estoy con ganas de escribir. Hace mucho que no escribía, estaban olvidados mis dedos del teclado terapeutico. ¡Pero qué bien que me hace! Ahora que me pongo y salen cosas, me siento más feliz. Estoy un poco trabada todavía, porque sin práctica no hay estrellas, pero creo que de a poco puedo recuperar la luz.
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